Viaje a San Cipriano_Septimo día de viaje
Amaneció con el día un poco lluvioso, el cielo plomizo y con algunas goticas de lluvia; la noche había sido buena aunque haciendo balance teníamos algunas picaduras de zancudo más que ayer, diría que mucho mas...
Salimos del cuartel y comenzamos a bajar por al calle hasta una pequeña tienda a desayunar; lo particular de la mañana era ver tantos ciclistas, algunos todavía dormidos sobre los andenes y las fachadas de las casas, era algo de dimensiones nunca vistas. Resulta que acá en el Valle del Cauca se tiene la tradición de hacer una peregrinación a Buga en bicicleta, de todos los municipios, hasta de los más lejanos (como en el caso de los dos veteranos que habíamos encontrado el día anterior) llegan para el Jueves Santo y hacen un desfile en la noche por toda la ciudad. Esos eran los que mencionaba la señora del hotel que se quedaban en el lote junto a Carrefour.
Nos sentamos a desayunar, café con almojábanas (típicas en el Valle), muy ricas y frescas casi sacadas del horno. Estar tan al borde del regreso a casa nos puso muy silenciosos, mi hermano estaba disgustado...? no se pero ese desayuno fue un poco tenso y no quise preguntar por que; luego de cargar las caramañolas mi hermano me reclamó diciéndome que no debíamos irnos sin visitar a nuestra tía que vive como a treinta kilómetros de allí, no le dije nada maduré la idea en esas escasas calles mientras llagábamos a la carretera a Cali, me adelanté un poco como para darle mas dramatismo al asunto, y en el último momento tome rumbo a casa de "la Tía"... La sonrisa y algarabía regresaron al pedaleo, y fue muy agradable poder surcar el Valle a esa hora del día, sentir los olores de la mañana, la humedad, la caña, olores a recuerdos de infancia...
Vimos muchos de los penitentes ciclistas sobre los lados de la vía, algunos ya pedaleando, otros aún durmiendo bajo improvisados "cambuches" o simplemente vencidos por el sueño y el cansancio.
Fue gratificante llegar a El Cerrito, lugar donde viví los mejores momentos de la infancia; solíamos venir de vacaciones todos los años, en ese entonces viajábamos en tren, lo que para un niño de 7 años era una de las mas maravillosas experiencias, no solo por el hecho de pasar unos días fuera de casa, era casi como otra dimensión de la vida, era tomar un poco de esa sopa de la realidad que a futuro se convertiría en la existencia.
Aquí parecía como si todo estuviera igual, salvo por algunas casas de dos plantas todo parece tener el mismo aire, los pedalazos se hacían más intensos, pronto llegamos a casa, a los brazos siempre abiertos y la sonrisa llena de amor de mi tía. Supongo que nuestra visita es para ella también es un poco de ese regreso a los pasados que siempre estarán mejor que los presentes, así ahora hallan celulares, televisión a color e Internet.
Bañarnos de nuevo en unas condiciones más normales, es decir, disfrutándolo y no solamente sacándose el mugre, fue reconfortante, había muchas cosas que limpiar, secar, y ordenar. Por fortuna el sol salió por fin y todo fue más sencillo.
Cuando era niño tal vez uno de los sueños que tenía era poder alguna vez montar en mi propia bicicleta por las calles el pueblo, así que en la salida hubo que hacer el recorrido obligado por cada uno de los recuerdos que la infancia reclamaba, la estación del tren, la panadería en la plaza donde hacían el mejor kumis de olleta que he probado jamás, la plaza de mercado, con todo ese colorido bullicioso que suelen tener, el parque…
Uno a uno fueron desfilando los recuerdos, que se amalgamaban entre nuevos y viejos de tanto ir y venir.
Una de las cosas exóticas que se pueden probar en el mercado local es el “Pan de Horno”, una masita de maíz que se prepara con queso, realmente suena más como a “pand’horno” en el idioma costumbrista local.
Las horas pasaron de la mañana a la tarde, y como era de suponer al sentirnos más “en casa” pues el sueño nos venció, así que pase toda la tarde recostado en una silla dormido al abrigo del calor sofocante que para esa hora arropaba todos los rincones.
Ya pronto estaríamos en casa... así ya estuviéramos en casa...!
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