San Cipriano_Segundo día de Viaje



Después de una noche de descanso, madrugamos a hacer chocolate en nuestra pequeña estufa y montar todo en las bicicletas. La mañana se mostraba cálida desde tempranas horas, paramos en una pequeña tienda a llenar nuestras botellas con agua y nos dirigimos hacia la carretera "al mar", este es un tramo de vía en el que se viaja muy relajado (al lado izquierdo se puede ver el complejo acuático Laguna de Sonso, un cuerpo de agua muy importante para la ecología del Rió Cauca), bueno, a veces la tranquilidad del paisaje se interrumpe por instantes con el "rugir" de las tractomulas que se le acercan a uno tanto que la cosa se pone un tanto peligrosa. Antes de comenzar el tramo mas empinado de la jornada paramos a "desayunar" unos ricos pasteles de papa con huevo y un ají delicioso, acompañado por el sabor del momento " Gaseosa Popular" (había que aprovechar ya que esto no se ve en "Mi Pueblo")




Luego de la foto de rigor, pasamos el puente sobre el río Cauca, una señal de que el ascenso era inminente, ... bien, nada de nervios, por algo los Colombianos tenemos fama de buenos ciclistas de montaña, así que a trepar...
A esa altura del día el sol ya se sentía con toda intensidad, era la primera vez en el viaje que nos topabamos con un tramo de ascenso, pero no había de otra, solo acomodarse en la bici y trepar, luego la recompensa sería ver el lago Calima y sentir la brisa fresca en el aire. Este tramo es de aproximadamente 17 kilómetros, debimos parar un rato por arreglos en la vía, luego del trancon, que aprovechamos para hidratarnos continuamos la escalada, como ha mitad de la pendiente me adelantó una tractomula, me pasó tan cerca que la plataforma del remolque casi me rosa el hombro, así que rápidamente hice una maniobra para poner un poco de espacio y caí en la cuneta, que por cierto tenía una pendiente muy fuerte, faltó poco para perder el equilibrio pues con todo el peso que llevaba y el aire que desplazan estos camiones, se hace una situación complicada.

En la subida encontramos muchos ciclistas, salen a entrenar desde temprano, supongo que la topografía se presta para fortalecer la pierna, cosa que en mi departamento es de todos los días (mucha loma, como dicen por aquí). Pasando los mencionados obstáculos y ya mas optimista por que el tramo de ascenso terminaba, nos detuvimos para tomar algunas fotos; cerca de la cima hay un parador de un “paisita” muy agradable, fue muy bueno parar a tomar gaseosa y disfrutar de una conversación en “mi idioma” (Paisañol), además de poder ver como su señora trataba de explicarle a la hija ¿Por qué llevábamos tantas cosas en las bicicletas?
Con muy buenos deseos y la determinación de no entrar al puerto por seguridad de nuestros vehículos, emprendimos el descenso que nos llevaría a Puente Tierra, un pequeño caserío de “camioneros” cerca de la entrada a Darien, la idea era poder disfrutar mas delante de la vista del lago, y saborear algunas de las especialidades gastronómicas que se ofrecen para el turista que va de paso. Como siempre la Fuerza Publica hizo presencia recordándonos que este territorio es Colombia...!

Luego de comer algunas “chucherías” emprendimos el descenso, la palabra es tan aplicable en este caso como nunca, rodar, rodar, rodar, lo único que tuve que hacer fue sostenerme, y cambiar de vez en cuando la pierna mejorando el punto de gravedad en los peraltes; el paisaje comienza a ser rápidamente cambiante, como las paginas de un libro de cuentos, pasamos de la montaña alto andina a un bosque tropical (Yotoco), y un matorral desértico (Lobo Guerrero), en cuestión de minutos, casi una diferencia altitudinal de 1000 metros, así es mi país, tierra de contrastes maravillosos.
Llegar a Lobo Guerrero era en sí un gran logro, de allí en adelante estábamos más cerca de nuestro objetivo, la pequeña cuesta que nos separaba de el nuevo tramo de descenso la trepamos sin problemas, aunque el sol se sentía verdaderamente fuerte, la emoción por llegar a los túneles crecía a cada pedalazo, justo antes de entrar en el primero paramos para adecuar las bicicletas con las luces y destellos para ser mas visibles, (aunque para la mayoría de los camioneros el ciclista a veces es ciudadano de tercera).
Las sensaciones que se perciben dentro de uno de estos túneles son verdaderamente apabullantes, la oscuridad sumada a el retumbar de los motores de hace de esta una experiencia desorientante, solo queda pedalear lo mas rápido y salir; ya afuera las sonrisas y el próximo túnel…!

Mas adelante comenzó a llover (como era de esperase), era hora de probar el equipo de invierno, y guardar las demás cosas en las alforjas, que iban protegidas por unas bolsas tubulares de color amarillo para hacerme más visible; tarde más en equiparme que la lluvia en parar; seguimos pedaleando esta vez por la carretera se despliega por la rivera del Río Dagua, la humedad se hace palpable, es un ecosistema único y diferente, la tarde ya caía solo restaban unos cuantos kilómetros para llegar a Córdoba, las piernas estaban bien, la alegría de culminar el tramo planeado para este segundo día se hacia cada vez más cercana…!
Pronto llegamos a Córdoba, que como siempre estaba en gran algarabía, bajar esa callecita hasta las vías del tren fue la mejor recompensa, ver de nuevo la casa de Trinidad, la gente en su amable sonrisa deambulando de aquí para allá, el sonido de enormes equipos con champeta y reguetón. Comimos algo y luego emprendimos el viaje a San Cipriano, estaba ya un poco oscuro, cuando encontramos el primer puente, mi hermano se ideó una forma de pasar colocando las ruedas de la bici sobre uno de los rieles del tren, a mi me costo un poco mas, en especial levantar del piso la bici que a esa altura del viaje pesaba más por el desgaste físico del día, habíamos recorrido 108 kilómetros de Buga hasta Corboba. Ya llegando al segundo puente en las vías del tren nos alcanzó un joven en una “brujita” y cuadramos el resto del viaje por 4.000 pesos cada uno.
Llegamos ya anocheciendo a San Cipriano, bajamos las bicicletas a la vía y salimos a buscar la casa de Antonia, llovía, fue una sensación diferente llegar en bicicleta, ver de nuevo la calle, la casa de María, el restaurante de Nena, y por fin, los ojos francos y alegres de Antonia; quien estaba sentada en una banca rodeada de un sin numero de parientes, hijos, nietos, y ahora nosotros. Luego de los saludos de rigor, subimos las cosas al tercer piso de la vivienda en medio de la curiosidad y las preguntas de los niños. Armar la carpa, desempacar las cosas, cambiarme la ropa mojada, los zapatos que estaban hechos agua, fueron las primeras actividades, luego nos relajamos un poco y cocinamos, ya el cansancio hacía mella. Siguió lloviendo toda la noche, me dormí muy rápido, había terminado nuestra segunda jornada.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Viaje a San Cipriano_Sexto día de Viaje

Viaje a San Cipriano_Quinto día de viaje