Viaje a San Cipriano_Sexto día de Viaje
Amanecía, la claridad del cielo era la señal de la inminente partida, desarmar la carpa, equipar las bicicletas y partir; había una leve brisa, pedaleamos hasta la entrada donde tomé unas fotos para el Blog, habíamos quedado de encontrarnos con el conductor de la brujita a las 7 am.
Las vías del tren tienen siempre algo de nostálgico, las miradas se pierden en la distancia como atraída por un vórtice imperceptible. Uno a uno fueron pasando los minutos, y el sentimiento de que no iban a venir por nosotros comenzó a crecer; a veces pasa, así que sentados sobre las bancas de un improvisado terminal de brujitas observamos en desfile de las pequeñas máquinas cargadas de ingenio mas que de turistas, aquí se ve patente que esta gente se las arregla muy bien para vivir en este lugar.
Un rato mas tarde nos dimos cuenta de las razones para la tardanza, ese día había entrado en operación una cooperativa que asociaba a todos los operadores de las brujitas, algo así como para darles iguales oportunidades para su trabajo (temporada turística de Semana Santa), así que solo había que esperar hasta que llegara el último, una situación muy “jocosa”.
Había un despachador con radio, chaleco y toda una junta de dirección con sus credenciales, que en medio de la selva sonaba como a una muy particular multinacional.
Nos pusimos en marcha, el frenesí del momento era único, la gente se apresuraba para no quedarse sin puesto, nosotros subimos las "bicis" en el primero de los vagones, así que ya sentados había que agarrarse bien de la silla, supongo que hay tramos de la vía en los que la improvisada carroza viaja a mas de 65 kilómetros / h.., una cosa de locos...(aclaro que la banca de madera en la que uno va sentado no esta pegada al plataforma)
El río Dagua quedaba atrás, ahora el regreso se sentía como la inminente lucha de cíclopes por conquistar la cima de Darien.
El desayuno fue breve y a prisa, nos despedimos de Trinidad y salimos a la vía; cuando uno esta tantos días en la selva lejos de tanta "civilización" pues es normal que pierda un poco reflejos (que me mantienen vivo en la ciudad), así que cuando salí a la carretera casi me estrello contra un carro que venía de Buenaventura, por suerte solo fue el susto.
Pedaleamos suave para ir acostumbrando las piernas de nuevo a la marcha, la mañana se mostraba cálida, pronto estábamos en Cisneros, y gradualmente va uno sintiendo que se va empinando la carretera...
Esta fue la jornada mas larga del viaje, hay que pedalear mucho para llega a Lobo Guerrero, y todo es subiendo los pedalazos se hacían continuos las piernas sabían hacer lo suyo, el ritmo era dinámico, decidido, había una sensación de triunfo, el aire se ponía mas cálido por el paso de las horas, pronto los paisajes que habíamos pasado velozmente en el descenso tomaban forma y significado en la marcha del ascenso. Muchas caras vimos en este regreso, muchas manos que nos saludaban, muchas miradas acompañándonos hasta el horizonte. A mitad de camino, un poco más allá de “Los tubos” iban dos ciclistas veteranos, muy pintorescos, nos acompañaron por tramos en el camino de regreso. Ellos estaban en nuestro camino, un poco más libres de equipaje, más simples, aunque compartiendo el mismo gusto por rodar en las bicicletas.
Las horas pasaron y llegamos a la entrada del primer túnel, de nuevo esa tremenda sensación, el sonido estremecedor de los camiones, el aire viciado por el humo que se concentra en su interior, el miedo…
Llegar a Lobo Guerrero era casi la mitad del recorrido, o un poco menos, pero sentarse, comer, hidratarse y llamar a casa para informar de los adelantos en la ruta fue algo reconfortante.
De allí en adelante todo fue hacia arriba, subir, subir, subir; son casi 31 kilómetros para librar una diferencia de altura de 1000 metros. Las bicicletas se estaban comportando de maravilla, todo se conjugaba como una orquesta sinfónica.
Ya la temperatura comenzaba a cambiar, las horas frescas de la tarde daban paso a las corrientes frías de la montaña. Paramos un rato en una de esas tiendas del camino, en la pared de la vivienda había un letrero escrito a mano, algo así como un clasificado: "se necesita con urgencia una "talla x"(una de las serpientes mas peligrosas que hay en mi país), para curar a una niñita que esta gravemente enferma...",un recordatorio de que el mundo real es mucho mas de lo que podemos percibir con nuestros ojos. Al salir, un señor que montaba una pequeña bicicleta BMX nos adelantó diciendo que solo faltaba un kilómetro para llegar a la cima, luego nos dimos cuenta que no era verdad, el tipo estaba medio borracho, se agarraba de los camiones que subían, y luego se descolgaba por la falda en una estruendosa algarabía, repitió la maniobra unas tres veces, hasta que ya no fue tan gracioso...
mis ojos se concentraban en el horizonte, por fin “Villa Diana” una señal de que se terminaba la cuesta, eran ya como las 6 de la tarde, se sentían algunas gotas de lluvia que poco a poco se hicieron mas intensas, todo un aguacero, paramos para abrigarnos, la noche había llegado. Prendí las luces de la bici, el echo de pedalear en la noche me ponía un poco nervioso, no solo por el lugar por el que estábamos atravesando, sino, por que la visibilidad no era buena. Una cosa muy distinta es conducir con la calzada mojada, bajo lluvia, con niebla, en una ruta plagada de tractocamiones y aunque no somos niños, hay algo de ese sentimiento de hermano mayor que me hace pensar siempre en proteger a mi hermano, bueno, aunque es el quien siempre termina dándome animo.
Las luces funcionaron muy bien, un pequeño faro “Cateye” que instalé para esta salida fue la sensación; la lluvia se hizo mas fuerte, un verdadero aguacero, apretamos un poco el paso para llegar a los puestos de comida de la entrada a Darien sentir de nuevo el calor de un café me regresaba el ánimo, estábamos un poco salidos de itinerario, el retrazo en la llegada de las brujitas mostraba sus efectos,
dentro del puesto de comidas había mucha gente, nos sentamos en una mesa, el calor de los fogones era reconfortante, el café aun más.
La lluvia nos demoró algo así como una hora, cuando salimos de nuevo a la ruta nos encontramos con un paisaje de otro mundo, la luz estroboscópica del faro se veía irradiando la niebla como un extraño performance galáctico, por instantes las viviendas del lago eran visibles, o la menos las siluetas de estas. Pronto deja uno la meseta que forma la carretera y se desciende un poco hacia “puentetierra”, paré un par de minutos para hablar con mis padres, quienes estaban pendientes de la travesía. Mas adelante las montañas dejan su apariencia esteparia para dar paso a la naturaleza exuberante de la Reserva de Yotoco, que para esa hora de la noche solo se veía como una infinita mancha profundamente oscura que nos tragaba. Comenzaba el descenso hacia el Río Cauca, las bicicletas tomaban velocidad por tramos prolongados, un descanso para las piernas, pero una prueba para los brazos y para los sentidos.
Habían unos tramos de la carretera sin asfalto debido a las reparaciones que vimos al inicio de la segunda jornada, mucho material suelto, muy resbaloso, y un poco polvoriento, pero ya más cerca de completar el objetivo del día: Buga!
Pasar el Río Cauca fue muy liberador, aunque es un tramo muy estrecho y los camiones pasan muy, muy cerca. No se por que a esa hora hay tantas personas caminando sobre la berma, a veces grupos de 6 o 10 personas que aparecen de la nada y hay que esquivar con la habilidad de un amante a los videojuegos. Tanto los ciclistas como los peatones deberíamos usar reflectivos, luces intermitentes para transitar de noche.
Nos faltaban algunos kilómetros para llegar, los ojos me ardían ya que me había quitado las gafas para ver un poco mejor en el descenso, llegamos a Buga como pasadas las 9 pm; la ciudad estaba "a reventar", cientos de personas llenaban la calle de la basílica, muchos vendedores ambulantes, … la semana santa!
El hambre era terrible, pero la primera cosa fue ir al hotel donde nos habíamos quedado la otra noche, con la sorpresa de no encontrar habitación, no había nada, nada!; así que ya no parecía semana santa, sino, la primera navidad en Belén.
La señora del Hotel nos dijo que en el lote junto a Carrefour podíamos armar la carpa, que allí acostumbran quedarse los ciclistas, a mi no me sonó la idea, dimos una vuelta y llegamos al restaurante chino de la primera noche, una buena comida, mucho liquido, y cambiarnos la ropa mojada. "Era hora de sacar el as de la manga" para solucionar lo del alojamiento, salimos a la calle y rodamos hasta el cuartel de los bomberos, ya suponía que allí nos podían alojar esa noche. (Siempre ha sido una tradición para los mochileros pedir una que otra vez la colaboración desinteresada de estos héroes anónimos). La gestión no tuvo los resultados esperados, ni siquiera después de identificarme como rescatista.
Eso fue un poco frustrante pues para ese instante ya el cansancio de mas de 100 kilómetros pedaleados era evidente.
Mas o menos a dos cuadras de allí, encontramos la sede de la Defensa Civil, un bonito y amplio cuartel en el que fuimos recibidos como miembros de una gran familia. Ya con una habitación confortable y después de una reconfortante ducha, vencido por el sueño me dormí.
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