Un comienzo
Siempre he pensado que todos los viajes son hacia el interior de sí mismo...
Los días pasaban y mi ser estaba ansioso de que llegaran las vacaciones, aunque la verdad no sabía que iba a hacer, tenía muchas ganas de ir a Santamarta, el Tayrona es uno de mis lugares favoritos, pero la interminable temporada de lluvia suponía otros retos, mi hermano (el incansable compañero de mis viajes vacacionales) estaba fuera "rodando una película", la lluvia caía con una monotonía asfixiante, recostado en mi cama mis ojos se fijaron en "la bici", un caballito de aluminio al que aún no le había sacado suficiente gusto, aunque confieso que una de las cosas que me hace sentir mejor es recorrer distancias sobre ella. Algo inexplicable sucedió en ese instante, me levanté y tomé el autobús para ir a la ciudad, mi destino fue un céntrico almacén donde dos años antes la había comprado; mi propósito, conseguir todo el equipo necesario para emprender mi viaje; los días siguieron y como de la nada aparecieron: Alforjas, parrilla, luces, tornillos, todo era un frenesí, compré provisiones, hice un recorrido de prueba hasta Salento (bajo la lluvia para variar) y así saber como se comportaba todo, un breve chequeo y "listo", el 27 de diciembre de 2008 estaba sobre el sillín, rumbo a Pereira, a la casa de mi "viejo amigo" Andrew. El primer tramo fue frustrante, pensé que las cosas no funcionarían, sentí que no podía pedalear, mis pies tropezaban con las alforjas, y las nubes amenazaban aguaceros, pero poco a poco mis pies encontraron su lugar y mi ser la armonía para pedalear con entusiasmo. Las horas transcurrieron y la ciudad quedó a tras, el paisaje se llenó de color, el sol comenzó a brillar con ese tono naranja que tienen mis atardeceres preferidos, las piernas respondían bien, la satisfacción creció al divisar a Pereira, desde "Tribunas" el descenso es muy agradable casi que la topografía lo hace todo, solo hay que relajarse y rotar, Uf... los últimos 10 kilómetros, lo había logrado. (Frecuentemente mis logros tienen el mismo componente, mi cuerpo sabe su ritmo, la voluntad se muestra clara)... Unos pedalazos más, ahora atravesando el Rió Consota, y comienza de nuevo el ascenso, aunque esta vez mas fuerte. De pronto, el sonido de una motocicleta me saca de mis pensamientos, miro hacia atrás y un rostro conocido... Andrew me saluda... "Viejo jim....! y continúa para no perder el impulso, me siento aliviado y fresco, he llegado...!
Los días pasaban y mi ser estaba ansioso de que llegaran las vacaciones, aunque la verdad no sabía que iba a hacer, tenía muchas ganas de ir a Santamarta, el Tayrona es uno de mis lugares favoritos, pero la interminable temporada de lluvia suponía otros retos, mi hermano (el incansable compañero de mis viajes vacacionales) estaba fuera "rodando una película", la lluvia caía con una monotonía asfixiante, recostado en mi cama mis ojos se fijaron en "la bici", un caballito de aluminio al que aún no le había sacado suficiente gusto, aunque confieso que una de las cosas que me hace sentir mejor es recorrer distancias sobre ella. Algo inexplicable sucedió en ese instante, me levanté y tomé el autobús para ir a la ciudad, mi destino fue un céntrico almacén donde dos años antes la había comprado; mi propósito, conseguir todo el equipo necesario para emprender mi viaje; los días siguieron y como de la nada aparecieron: Alforjas, parrilla, luces, tornillos, todo era un frenesí, compré provisiones, hice un recorrido de prueba hasta Salento (bajo la lluvia para variar) y así saber como se comportaba todo, un breve chequeo y "listo", el 27 de diciembre de 2008 estaba sobre el sillín, rumbo a Pereira, a la casa de mi "viejo amigo" Andrew. El primer tramo fue frustrante, pensé que las cosas no funcionarían, sentí que no podía pedalear, mis pies tropezaban con las alforjas, y las nubes amenazaban aguaceros, pero poco a poco mis pies encontraron su lugar y mi ser la armonía para pedalear con entusiasmo. Las horas transcurrieron y la ciudad quedó a tras, el paisaje se llenó de color, el sol comenzó a brillar con ese tono naranja que tienen mis atardeceres preferidos, las piernas respondían bien, la satisfacción creció al divisar a Pereira, desde "Tribunas" el descenso es muy agradable casi que la topografía lo hace todo, solo hay que relajarse y rotar, Uf... los últimos 10 kilómetros, lo había logrado. (Frecuentemente mis logros tienen el mismo componente, mi cuerpo sabe su ritmo, la voluntad se muestra clara)... Unos pedalazos más, ahora atravesando el Rió Consota, y comienza de nuevo el ascenso, aunque esta vez mas fuerte. De pronto, el sonido de una motocicleta me saca de mis pensamientos, miro hacia atrás y un rostro conocido... Andrew me saluda... "Viejo jim....! y continúa para no perder el impulso, me siento aliviado y fresco, he llegado...!
Un rato más tarde ya en casa de Andrew, saludo a Tito, y Diana; hacía casi 10 años desde la última vez que los vi. La tarde dio paso a algunas fotos. Un poco después, los grillos y las luciérnagas anunciaban que el día terminaba... Como siempre, es muy agradable visitar a Andrew, la vida y las bicicletas nos han regalado muchas anécdotas, historias que revivimos al calor de una fogata que nunca prendió, con un dedo en llamas, y las memorables notas de la guitarra de Tito; una noche en la que la palabra y las tonadas de Silvio fueron alimento para el recuerdo... Ese día terminaba lleno de risas, con la satisfacción de haber encontrado de nuevo el camino hacia un pasado en el que la felicidad era el ingrediente principal de todos los instantes...
EXCELENTE ....MUY BUENOS AVANCES,ESTE ESPACIO TE QUEDO GENIAL....UN BUEN ESPACIO PARA PARTES DE VIAJE Y PREGUNTAS DE NOVATO...TITO...
ResponderEliminar"LA FELICIDAD SERÁ SIEMPRE EL INGREDIENTE PRINCIPAL DE TODOS LOS INSTANTES.."
Tito, fue todo un placer compartir con ustedes estos fragmentos de tiempo y de memoria...
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