Homenaje a una vieja amiga...
Hubo un instante en la vida, en el que los sueños pesaban mas en la mochila que los instantes de realidad que hoy me habitan, no por la nostalgia, pero quiero dedicar estas líneas al recuerdo de mi primera "Bike"... Corrían los días... 1994 para ese entonces estaba estudiando y las clases copaban todo mi tiempo e interés, la bicicleta llegó como un sueño que se materializa, uno de esos soñados con toda la fuerza, con todo el deseo. Por aquel tiempo cursaba 3° semestre de Tecnología en Administración Agropecuaria, una tarde visité la casa de mi amigo Javier Castro, quien después de una amena charla decidió generosamente prestarme su bici por unos días (como un mes) para que fuera a estudiar en ella, la felicidad se hizo patente desde el primer momento en el que comencé a rodar; la bicicleta era grande y robusta, hecha de cromolium, bastó solo un par de días para adaptarme por completo a ella. Los días pasaron y la idea férrea de tener una "bici" propia comenzó a meterse en mi, como un sentimiento del que ya no escaparía jamás. Por aquellas cosas del destino el presidente de turno era el Doctor Samper, quien en un acto de "generosidad" decidió ejecutar un programa en el que se entregaría una mesada a los alumnos del SENA (Servicio Nacional de Aprendizaje), institución en la que cursaba mis estudios; después de presentar la documentación necesaria y previa entrevista con la Trabajadora Social, aplique para el subsidio, el cual consistía en un salario mínimo de la fecha (algo así como $200.000 pesos), entregado por única vez, distribuido a lo largo de un semestre, era una oportunidad de oro para financiar mi sueño...!
Armado con $10.000 pesos que pude recoger trabajando en el Taller de Muriel, (un Argentino al que debo la fortuna de haberme enseñado el noble oficio de la "Cerrajería"), me encaminé en la búsqueda de la bici soñada, luego de hacer algunas cotizaciones y buscar en el comercio local, llegue a un almacén ubicado en el centro de la ciudad, ... allí la encontré, era una bicicleta en cromolium, marca Trak 600, marco #18 color verde, con accesorios de aluminio (que después fui actualizando), ese día la dejé separada con el dinero que llevaba, y durante tres meses fui haciendo los abonos con el dinero del subsidio, hasta que la pude retirar, me costó $180.000 pesos, una cifra que a la luz de hoy me parece "chistosa", pero que en ese entonces era una pequeña fortuna.
La bici y yo crecimos juntos y desde ese día fuimos inseparables, compañera y amiga, cómplice, consejera; aprendí todo de si, mis manos hábiles sabían ya ajustar sus partes con una destreza memorable; pasaron los años, y mi ser y su ser se fundieron como un icono que deambulaba por los rincones de esta ciudad tatuando en imágenes todos los instantes...
Un día del que solo quedó el amargo recuerdo, mi bici, la incansable, la sublime, la materialización de un sueño de infancia, fue robada... Mi ser no comprendió como alguien pudo llevársela, ¿que retorcido corazón podía haber cometido tan reprochable acto...?, la busqué por toda la ciudad, la noche llego, mis ojos se cansaron... se fue...!
Armado con $10.000 pesos que pude recoger trabajando en el Taller de Muriel, (un Argentino al que debo la fortuna de haberme enseñado el noble oficio de la "Cerrajería"), me encaminé en la búsqueda de la bici soñada, luego de hacer algunas cotizaciones y buscar en el comercio local, llegue a un almacén ubicado en el centro de la ciudad, ... allí la encontré, era una bicicleta en cromolium, marca Trak 600, marco #18 color verde, con accesorios de aluminio (que después fui actualizando), ese día la dejé separada con el dinero que llevaba, y durante tres meses fui haciendo los abonos con el dinero del subsidio, hasta que la pude retirar, me costó $180.000 pesos, una cifra que a la luz de hoy me parece "chistosa", pero que en ese entonces era una pequeña fortuna.
La bici y yo crecimos juntos y desde ese día fuimos inseparables, compañera y amiga, cómplice, consejera; aprendí todo de si, mis manos hábiles sabían ya ajustar sus partes con una destreza memorable; pasaron los años, y mi ser y su ser se fundieron como un icono que deambulaba por los rincones de esta ciudad tatuando en imágenes todos los instantes...
Un día del que solo quedó el amargo recuerdo, mi bici, la incansable, la sublime, la materialización de un sueño de infancia, fue robada... Mi ser no comprendió como alguien pudo llevársela, ¿que retorcido corazón podía haber cometido tan reprochable acto...?, la busqué por toda la ciudad, la noche llego, mis ojos se cansaron... se fue...!
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